En este artículo (7 apartados)
La tortícolis muscular congénita es una alteración relativamente frecuente en los recién nacidos y lactantes. Se caracteriza por una limitación en la movilidad del cuello que hace que el bebé tienda a mantener la cabeza inclinada hacia un lado y girada hacia el contrario.
La detección precoz y el tratamiento temprano son fundamentales para favorecer una evolución adecuada y prevenir posibles alteraciones asociadas, como la plagiocefalia posicional.
¿Qué es la tortícolis congénita?
La tortícolis muscular congénita se produce cuando existe una tensión o acortamiento del músculo esternocleidomastoideo, situado en el cuello. Como consecuencia, el bebé presenta una preferencia postural y le resulta más difícil girar la cabeza hacia uno de los lados.
Es una alteración frecuente y, en la mayoría de los casos, tiene muy buen pronóstico cuando se aborda de forma temprana.
¿Cuáles son los signos de alarma?
Algunos signos que pueden hacer sospechar la presencia de una tortícolis son:
- El bebé siempre mira hacia el mismo lado.
- Tiene dificultad para girar la cabeza hacia ambos lados por igual.
- Mantiene la cabeza inclinada de forma habitual.
- Se muestra incómodo cuando intentamos cambiar su posición.
- Presenta una zona aplanada en la cabeza (plagiocefalia).
- Tiene preferencia por alimentarse de un solo pecho.
- Se arquea con frecuencia o adopta posturas asimétricas.
Ante cualquiera de estos signos, es recomendable realizar una valoración especializada.
La colaboración entre la familia y el fisioterapeuta pediátrico es clave para conseguir los mejores resultados y favorecer un desarrollo armonioso.
¿Por qué aparece?
Las causas pueden ser diversas y, en muchos casos, no es posible identificar una única razón. Entre los factores que pueden estar relacionados se encuentran:
- Posición del bebé durante el embarazo.
- Embarazos múltiples.
- Partos instrumentados.
- Espacio reducido dentro del útero.
- Tensiones musculares presentes desde el nacimiento.
¿Cómo se diagnostica?
El diagnóstico se realiza mediante una valoración clínica del bebé, observando:
- La movilidad del cuello.
- La postura.
- La simetría corporal.
- El desarrollo motor.
- La presencia de posibles deformidades craneales asociadas.
Una valoración temprana permite iniciar el tratamiento cuanto antes y obtener mejores resultados.
¿Cómo puede ayudar la fisioterapia pediátrica?
La fisioterapia pediátrica es el tratamiento de elección en la mayoría de los casos.
Valoración individualizada
Cada bebé es único. Por ello, es fundamental realizar una valoración completa para identificar las necesidades específicas de cada niño.
Técnicas manuales suaves
Se emplean técnicas adaptadas y respetuosas con el bebé, orientadas a favorecer la movilidad y el confort.
Ejercicios y estimulación en casa
La participación de la familia es esencial. Los padres reciben pautas y ejercicios sencillos para favorecer la movilidad y estimular el desarrollo simétrico.
Prevención de la plagiocefalia
Al mejorar la movilidad del cuello, se reduce el riesgo de que aparezcan deformidades craneales secundarias.
¿Cuándo acudir al fisioterapeuta pediátrico?
Es aconsejable consultar si:
- Tu bebé tiene preferencia por mirar siempre hacia un mismo lado.
- Notas dificultad para mover la cabeza.
- Observas una inclinación constante del cuello.
- Existe una deformidad en la cabeza.
- Tienes dudas sobre su desarrollo o postura.
Cuanto antes se inicie el tratamiento, más rápida suele ser la evolución.
¿La tortícolis congénita tiene solución?
Sí. La mayoría de los bebés presentan una excelente evolución cuando reciben una intervención temprana y un seguimiento adecuado.
La colaboración entre la familia y el fisioterapeuta pediátrico es clave para conseguir los mejores resultados y favorecer un desarrollo armonioso.
La información de este artículo es divulgativa y no sustituye la valoración de tu pediatra ni de un profesional sanitario.
